COMPLICES por Alberto Coll *

Dice nuestra amiga Mª. José Ragué en su obra El Teatro de Fin de Milenio en España, que en el teatro los premios al texto dramático son premios de consolación si no van acompañados de su puesta en escena. Probablemente tenga razón, aunque debo confesar que, personalmente, nunca he encajado tal aseveración. Y utilizo el verbo encajar en su acepción de obligado y reprimido disgusto, porque es sin duda el reproche que creo más injustamente se les puede hacer a los premios teatrales. Mantengo esta opinión por coherencia, pues siempre había sostenido esta postura cuando se me recordaba que el Premio Born sólo carecía del estreno de sus obras premiadas. No es misión nuestra, defendía, la convocatoria es literaria, dar a conocer a un ganador y publicar su obra es nuestro objetivo, nosotros no somos productores... y añadía, el Teatro como género literario debe proporcionar, como cualquier otro, el placer y entretenimiento en su propia lectura... las novelas no se escriben para culminar en celuloide ni los versos para ser trovados, así el teatro, aunque obtiene su máxima expresión al ser representado, conlleva en si mismo las mejores virtudes literarias. Exagero este planteamiento, lo reconozco, en mi afán por defender la existencia y suficiencia de los certámenes como el Born. Y hablaba de coherencia, ya que sería ahora fácil aunque jactancioso por mi parte, suscribir sin paliativos la aserción de nuestra amiga Ragué teniendo en cuenta que seis obras ganadoras del Premio Born han sido estrenadas en poco más de un año, (otras 6 lo habían sido anteriormente), algunas de ellas en escenarios muy importantes. Todo ello, hay que reconocerlo, si bien ha supuesto un enorme valor añadido para nuestro certamen, ha sido fruto en algunos casos de la proyección que ha supuesto la consecución del premio para estas obras, lo que de por si justificaría sobradamente su existencia. Si Belbel, Galcerán, Jorge Díaz, Ladrón de Guevara, Álamo y ahora el propio Mayorga han visto culminadas en este espacio de tiempo sus pretensiones, el Cercle Artístic y su Premio Born han visto culminadas sus aspiraciones.

Al margen de todas estas consideraciones, entender la dimensión actual del Born exige un análisis, necesariamente somero, de las circunstancias que han definido a lo largo de prácticamente treinta años un perfil genuino y enraizado en el mundo teatral y en la cultura de la isla de Menorca: modestia, independencia y carácter.

La modestia por imperiosa necesidad. Las características de una entidad cultural privada ubicada en una ciudad de 22.000 habitantes en una isla de poco más de 60.000 así lo determinan. Nuestra única fuerza es el amor por la cultura y el afecto que profesamos a autores y a nuestros desinteresados colaboradores del orbe teatral, con quienes la lejanía geográfica impone a menudo una aislada pero intensa relación de amistad e inestimable participación. Por otro lado, la independencia y la constancia constituyen sin duda aspectos fundamentales e irrenunciables del certamen. Entre la participación y dotación de la primera convocatoria, doce obras y cinco mil pesetas de premio, a la actual de dos millones con participación de más de cien textos desde 1.996, se suceden toda una serie de esfuerzos humanos y económicos considerables orientados resueltamente hacia la consolidación de un gran proyecto literario. Esfuerzos altruistas de quienes han conformado las juntas de gobierno del Cercle Artístic, y económicos de nuestros fieles patrocinadores, Ayuntamiento de Ciutadella, Consell Insular de Menorca, Fundación Rubió Tudurí Andrómaco, Caja de Baleares "Sa Nostra" e INAEM. El tesón en mantener ciertas peculiaridades instituidas desde los inicios, como el carácter bilingüe del premio, devenido en significativo acicate para dramaturgos, han permitido, al margen de intereses y cantos de sirena, consolidar una imagen de progresión y seriedad, fiel reflejo de la realidad actual del Premio Born.

El último atributo al que hacía referencia, el carácter, me permite, y pido disculpas por si ello significa pecar de inmodestia, pincelar un escenario tan especial como arcano, la isla de Menorca. Lejos de suponer una desventaja, la lejanía comentada proporciona cierta primacía. Menorca y especialmente Ciutadella, conservan a pesar del ahora indispensable azote turístico, un extraordinario poder de atracción acrecentado por inviernos que extienden un desconcertante manto verde sólo interrumpido por la albura de sus predios o la imponencia de las moles talayóticas, bajo crepúsculos rojizos que profetizan la llegada de la temida tramontana. Y es en este privativo marco, de mixturas ancestrales y culturales, alejado de la sinrazón estival, cuando el Born se envuelve de un carácter propio a la vez que universal.
Hoy es un día importante para el Premio Born y el Cercle Artístic; la colaboración con Primer Acto para la publicación en castellano de las obras galardonadas, supone la consecución de un destacable escalafón en la trayectoria del mismo. Iniciarla con Cartas de Amor a Stalin, proclamada ganadora de la vigesimotercera edición del Premio en la misma velada del estreno de Los Enfermos de Antonio Álamo, circunstancia que hizo que nuestro admirado amigo y portavoz del jurado Joan Casas calificara al Born como El premio más stalinista de Europa, supone, además de ver impresa la palabra de su autor, sentirnos cómplices de su éxito, merecido éxito de un gran dramaturgo y mejor persona, Juan Mayorga.

* Alberto Coll Arredondo fue el presidente del Cercle Artístic
desde el año 1.995 hasta el verano de 1.999.
(Texto incluido en el número 280 III/1999 de la revista PRIMER ACTO, con motivo de la publicación de "Cartas de Amor a Stalin", de Juan Mayorga, Premi Born 1.998)